La dignidad de la persona, epicentro de los viajes del Papa – editorial Ecclesia

By S. Patricia
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Hasta los viajes nacionales dentro de Italia el Papa Francisco los está convirtiendo en acontecimiento global; en catequesis y gracia para todos; en denuncia, si es preciso, de injusticias y desmanes; en predicación, con la fuerza, además, del ejemplo y el testimonio, del Evangelio y de sus exigencias.
Hace ahora un año, el 7 de julio de 2013, en su primer viaje fuera de Roma, “puso” en el mapa de la geografía humana y religiosa la isla de Lampedusa, la más sureña isla de Italia y de Europa, famosa no por sus atractivos turísticos –que los tiene también-, sino por ser la isla de los inmigrantes, de los sin papeles y de los refugiados. Con Francisco, todos aprendimos, el 22 de septiembre pasado, que Cerdeña no era solo una bella isla, sino también, y en buena medida sobre todo, la isla del paro y de la indignidad que esta lacra supone y que tanto margina a sus afectados. El 4 de octubre de 2013 entendimos mejor la verdad del Evangelio desde la verdad de San Francisco de Asís y del compromiso del Santo Padre al tomar su nombre y su guía. Hace apenas tres semanas localizamos a Cassano all’Jonio, en el corazón de la olvidada y depauperada Calabria, lacerada y oprimida por el horror de la mafia.

Ahora, el sábado 5 de julio, nos hemos “encontrado” con otra región italiana casi desconocida para el gran público, para casi todos. Hablamos de Molise, en el centro-sur-este de Italia. En ella, mediante seis grandes citas, Francisco ha vuelto a visibilizar su opción por los pobres, por la justicia social, por los trabajadores, por los parados y por los excluidos, singularmente por esos nuevos excluidos, como son los jóvenes sin estudios y sin trabajo, una generación que bajo ningún concepto “podemos permitirnos el lujo de perder”.
En esta visita pastoral (ver páginas 53 y 54), de poco más de diez intensísimas horas, el Papa Francisco ha repetido un esquema viajero que ya nos empieza a resultar familiar, que tanto habla de su sensibilidad pastoral y que tanto ha de interpelarnos. Se trata de sus encuentros “obligatorios” con enfermos, presos y jóvenes, su almuerzo con pobres y la focalización clara de su mensaje. Un mensaje que en Molise se ha centrado en la búsqueda de la construcción de un mundo nuevo y mejor, “en el que los bienes de la tierra y el trabajo sean distribuidos equitativamente”. Un mundo nuevo basado en la dignidad y centralidad de la persona, frente a culturas y sistemas económicos, políticos, empresariales y laborales, que anteponen el beneficio y el lucro.
Y Francisco lo ha hecho, una vez más (ver, por ejemplo las páginas 33 y 34 de ECCLESIA de nuestro número de la pasada semana) sin ideas “prestadas”, sin ideologías ni banderas políticas. Con el Evangelio: “El del trabajo es un desafío que interpela en modo particular la responsabilidad de las instituciones, del mundo empresarial y financiero. Es necesario poner la dignidad de la persona humana en el centro de toda perspectiva y de toda acción. Los otros intereses, aunque legítimos, son secundarios. ¡En el centro está la dignidad de la persona humana! ¿Por qué? Porque la persona humana es imagen de Dios, ha sido creada a imagen de Dios y todos nosotros somos imagen de Dios”.
Porque “el problema –añadió- es no llevar el pan a casa: ¡esto es grave, y esto quita la dignidad! Esto, nos quita la dignidad. Y el problema más grave no es el hambre, que sí es un problema. El problema más grave es la dignidad. Por esto, tenemos que trabajar y defender nuestra dignidad, que la da el trabajo”. Y desde estos principios, Francisco ha secundado iniciativas –válidas para Molise, Italia, Europa y también, por supuesto, para España- como un pacto estatal, interinstitucional e interpersonal para el trabajo, “uniendo fuerzas de una manera constructiva”, con creatividad, generosidad, altura de miras.
Haciendo suya, asimismo, la campaña promovida en Molise, al igual que en otros muchos lugares, de preservar el domingo como día de descanso laboral, el Papa ha abundado en que la prioridad de la vida no ha de dirigirse “a lo económico, sino a lo humano, a lo gratuito, a la primacía de las relaciones no comerciales, sino familiares y a los amigos, y para los creyentes en la relación con Dios y con la comunidad”.

Revista ecclesia, Jesús De las Heras

Modificado por última vez en Lunes, 07 Julio 2014 20:14
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